El interés compuesto es aburrido diez años. Luego deja de serlo.
Todo el mundo conoce la palabra y casi nadie ha visto la curva. Hay un año concreto en el que el dinero empieza a trabajar más que tú, y no llega cuando esperas.
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El interés compuesto tiene un problema de comunicación: se explica siempre con el resultado final, que impresiona, y nunca con el camino, que es donde la gente se cae. Y el camino es largo y plano. Quien abandona no lo hace porque no entienda la idea, lo hace porque durante años no ve nada que se parezca a lo que le prometieron.
Así que empecemos por el camino. Doscientos al mes, un rendimiento del 7 % anual, treinta años. Las dos líneas del gráfico son lo que has puesto tú y lo que hay en total.
El año 19 es el que importa: es cuando lo que aporta el interés supera a lo que aportas tú. Hasta ahí, esto se parece mucho a una hucha. A partir de ahí, deja de parecerlo.
Los números del final: has puesto 72 mil y hay 244 mil. De ese total, 172 mil no los pusiste tú. Pero fíjate en dónde ocurre casi todo eso: en el último tercio. Los diez primeros años son la parte que hay que aguantar, no la parte que convence.
Por qué empezar pronto pesa más que aportar mucho
Aquí está la consecuencia menos evidente y la más útil. Compara dos personas. Una empieza hoy y aparta doscientos al mes durante treinta años. La otra tarda cinco años en decidirse y, para compensar, aparta un cincuenta por ciento más: trescientos al mes durante veinticinco.
Terminan en 244 mil y 243 mil: a efectos prácticos, el mismo sitio. La diferencia está en lo que ha costado llegar. Cinco años de ventaja valen tanto como aportar un cincuenta por ciento más cada mes durante veinticinco años, y encima salen 18 mil más baratos.
La variable que más manda al principio no es cuánto apartas ni qué rentabilidad consigues. Es cuándo empiezas — y es la única de las tres que no se puede recuperar después.
Dos correcciones antes de que te ilusiones
- Ese 7 % es constante en el gráfico y no lo es en la vida. Habrá años del veinte por ciento y años del menos treinta, y la media solo aparece si sigues ahí cuando toca el segundo tipo de año. La curva describe la forma, no un calendario.
- Y las cifras finales están en dinero de dentro de treinta años, que compra menos que el de hoy. Descontada la inflación, el número se queda en bastante menos de lo que parece. Sigue mereciendo la pena; simplemente no es la cifra del titular.
Lo que hay que hacer con esto hoy
- 1Averigua tu tasa de ahorro real: qué parte de lo que entra no te gastas. Es el único número que manda durante los primeros años, muy por encima de la rentabilidad.
- 2Automatiza la aportación el día que cobras. No al final del mes con lo que sobre, porque no sobra nunca — y este gráfico solo funciona si la línea no tiene huecos.
- 3Antes de esto, ten el colchón hecho. Sin él, la primera avería te obliga a vender en el peor momento y a romper la curva justo cuando empezaba a inclinarse.
Nada de esto es difícil de entender. Es difícil de sostener durante diecinueve años sin un método que te diga en qué orden va cada cosa y qué hacer el año en que todo baja. Esa es la diferencia entre saber lo que es el interés compuesto y llegar a verlo.
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